1. Elegir un lugar cómodo, silencioso, agradable, luz tenue, música relajante, incienso, etc. que agrade a nuestros sentidos y nos facilite disfrutar del momento. 2. Sentarnos cómodamente, para aguantar un tiempo adecuado y sentir los efectos agradables de la meditación. Si no es así, estaremos pendientes de la postura corporal incómoda (dolor de piernas, espalda, suelo frío, etc.,) 3. Intentar tener erguida la columna, de forma que la coronilla apunte al cielo y el perineo a la tierra. 4. Ojos cerrados o semicerrados. 5. Las manos relajadas apoyadas sobre las rodillas o nuestro regazo. 6. Los pies, o las rodillas, según la postura elegida, deben estar en contacto con el suelo. 7. Respiración tranquila, profunda y sin forzar. Dejarla natural. 8. Palpar todo el cuerpo para buscar puntos de tensión. Si los hay, aprovechar el momento de expiración para aflojar la zona. 9. Analizar la mente, observar los pensamientos como si fueran fotogramas de una película. Sin “engancharnos” conscientemente a ellos. 10. Tras estar un rato en calma mental y en relajación física encontraremos tranquilidad o paz interior. Volvemos lentamente a la realidad, y nos damos un automasaje por la cara, brazos, piernas etc.















