Un hecho es algo objetivo. Tú estás despierto(a). Hay sol. Éste es un artículo en CoachingChile.com. Los hechos se perciben por medio de los sentidos. Las otras personas pueden percibir lo mismo a través de los suyos. Los hechos son públicos. Hacen referencia al mundo que todos podemos observar. Para enunciar un hecho podemos usar oraciones del tipo “S (sujeto) es P (predicado)”, donde el predicado expresa una característica observable del sujeto. Una opinión es subjetiva. “Yo considero que tú deberías ir a dormir”. “Este artículo me parece interesante”. “Creo que es un gran día para ir a la playa”. Las opiniones se forman en nuestra mente, y las otras personas no pueden leer la mente. Las opiniones son privadas, no se refieren al mundo observable, sino a nuestras ideas sobre él. El sujeto de nuestras opiniones siempre somos nosotros mismos. Los seres humanos observamos hechos y nos formamos opiniones insensatamente, (quizás basándonos en nuestra experiencia). Cuando nos encontramos con alguien, no sólo prestamos atención a su ropa. Hacemos una valoración de esa persona a partir de lo que pensamos de su ropa. No decidimos voluntariamente tener opiniones, evaluamos todo lo que nos rodea de manera constante y automática. Muchas de esas opiniones son útiles. Pero muchas otras son tóxicas. Una opinión es tóxica cuando se disfraza como un hecho. A causa de su estructura sintáctica, una opinión tóxica parece expresar un hecho. Por ejemplo: “El brócoli es asqueroso” o “Eduardo es un imbécil”. Estos juicios simulan ser algo más que opiniones. Usan el lenguaje de los hechos. Podemos hacerlos aún más engañosamente objetivos agregando palabras tales como “realmente”, “verdaderamente” y “objetivamente”. Por ejemplo: “Este trabajo es realmente difícil”. “El problema real es que estás empecinada en hacerlo a tu manera”. “Tu conducta es verdaderamente despreciable”. “Objetivamente, Chile es el mejor país para vivir”. El problema con las opiniones tóxicas es que hacen una afirmación que pretende ser la descripción de una realidad objetiva. Por lo tanto, opiniones tóxicas disímiles provocan conflictos. Una persona que suele emplear opiniones tóxicas no dirá “No como brócoli porque no me gusta” o “No sé cómo trabajar con Susana”, dos oraciones donde el sujeto es la primera persona. Enunciará oraciones en tercera persona que pretenden describir cómo son las cosas en lugar de decir qué piensa sobre esas cosas. Por lo tanto, las opiniones tóxicas crean enfrentamientos y expresarlas raramente mejora las cosas. Y si bien algunas personas desean creer que es valioso ser brutalmente honesto, las opiniones tóxicas siempre resultan ser más “brutales” que “honestas”. Expresar esas opiniones destruye la eficiencia, daña las relaciones y provoca hostilidad… Seguir Leyendo Parte II Texto adaptado del libro La Empresa Consciente, de Fredy Kofman















