Sigue leyendo desde De Opiniones Tóxicas a Opiniones Efectivas. Parte I Algunas personas creen que las observaciones son buenas y las opiniones son malas. Sin embargo, las opiniones son esenciales para tomar decisiones. La diferencia reside en la manera de expresar las opiniones: en forma efectiva o de manera tóxica. Las observaciones son simplemente verdaderas o falsas. Podemos verificar si la silla es roja o no lo es. Por el contrario, las opiniones no pueden ser cotejadas en el mundo exterior. Puedo observar con mis propios ojos que marcos está en la oficina, pero si me dicen que “Marcos tiene problemas” no puedo utilizar mis sentidos para verificarlo. Las opiniones efectivas distinguen claramente las afirmaciones verificables de las no verificables. La primera condición de una opinión efectiva es que ella le pertenece a usted. Debe reconocer que es su opinión, no es la verdad. De este modo, se genera un “espacio” para la coexistencia de múltiples perspectivas y para atenuar la actitud defensiva. En lugar de afirmar: “La fábrica es ineficiente”, usted puede decir: “Creo que la fábrica no está operando de manera eficiente”. En lugar de: “Usted está equivocado”, “Creo que usted está equivocado”. En lugar de “La reunión es aburrida”, “Esta reunión me aburre”. En lugar de: “Estamos perdiendo el tiempo”, “Me parece que estamos perdiendo el tiempo”. Este es el primer paso, pero no llegará muy lejos. Si considera que Roberto es un idiota, no logrará filtrar su opinión tóxica sencillamente diciendo “Roberto, pienso que eres un idiota”. Para ser totalmente dueño de sus opiniones, necesita examinar más detenidamente su manera de pensar, darse cuenta de que llama idiota a una persona porque está en desacuerdo con ella o porque no comprende su razonamiento. Lo que debe cambiar no es sólo su manera de hablar, sino su manera de pensar. La segunda condición de una opinión efectiva es que usted explique su razonamiento. Si se lo piden, debe ser capaz de ofrecer los hechos y los deseos que apoyan su evaluación. Las opiniones surgen de la comparación entre las condiciones objetivas y los deseos subjetivos. Por ejemplo, si hoy nevara y usted deseara esquiar, pensaría que hoy es un día “genial”. Pero pensaría que es “horrible” si deseara tomar sol. Si tamiza su opinión, aun cuando no tenga los mismos intereses, la otra persona comprenderá su razonamiento. La tercera y última condición de una opinión efectiva es que apunta a un cambio deseable en la tarea (resolver el problema); en la relación (aumentar la cooperación y la confianza); y en el bienestar de todos los que participan en la conversación. Las opiniones efectivas disparan acciones que de otro modo no ocurrirían. Texto adaptado del libro La empresa Consciente de Fredy Kofman
















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